El segundo mandamiento prohíbe la adoración del Dios verdadero en una manera falsa y prohíbe también la fabricación de imágenes.
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EL SEGUNDO MANDAMIENTO
Por Thomas Montgomery
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté
arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la
tierra: No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová
tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los
hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen, Y
que hago misericordia en millares á los que me aman, y guardan mis
mandamientos.”(Exodo 20:4-6)
El segundo mandamiento prohíbe la adoración del Dios verdadero en una manera falsa y prohíbe también la fabricación de imágenes.
Imágenes: En esta prohibición están incluidos los ídolos,
imágenes y muñecos de oro, plata, yeso, etc. que se encuentran en los
templos católicos. Este mandamiento trata con la adoración de Dios a
través de las imágenes. El texto dice: “No te inclinarás ante ellas, ni
las honrarás”. Es importante señalar que este mandamiento no prohíbe el
arte, la pintura o la escultura, sino que prohíbe el uso de imágenes
religiosas en la adoración de Dios.
Algunas personas creen que se prohíbe que hagamos imágenes
de cualquier cosa. Si esto fuera así, entonces estaría prohibido sacar
fotos, ver la televisión, el cine, los periódicos, revistas e incluso el
uso del dinero, pues aún los billetes traen imágenes. Tal
interpretación de este mandamiento es absurda. El mandamiento incluye
cualquier semejanza de las cosas en el cielo, en la tierra y en las
aguas debajo de la tierra para adorar al Señor.
Entonces, no importa si es un crucifijo, un dibujo, una
medalla, un escapulario, un cristo, una virgen o algún supuesto santo.
También cualquier otro objeto que “sirva” para dar protección contra los
peligros, accidentes, enfermedades o para hacer huir a los malos
espíritus (brujerías y supersticiones tales como los amuletos, los
signos del horóscopo, etc.). Todas estas cosas son prohibidas por Dios
en el segundo mandamiento.
Igualmente prohíbe el uso de figuras y estatuas de
Jesucristo como hombre, porque todas ellas se hacen en la semejanza del
hombre ideal, tal y como es concebido por los hombres. En este punto
debemos advertir acerca del peligro de que un mal uso del material
didáctico en la escuela dominical se convierta en una transgresión de
este mandamiento.
¿Para qué sirven las imágenes?
¿Qué dicen aquellos que hacen uso de las imágenes y
estatuas en la adoración para defenderse y justificar el uso de tales
objetos? ¿Cuál es su propósito? Su respuesta a estas preguntas siempre
es la misma: dicen que las imágenes nos ayudan en la adoración de Dios.
Los grupos católicos dicen que tales objetos nos ayudan a acordarnos de Dios y a estar conscientes de su presencia. En otras palabras dicen que los ídolos son una manera para dar sustancia y realidad a nuestro concepto de Dios. Dicen que sin imágenes, sin cuadros y sin estatuas, la adoración resulta más difícil. Las imágenes son una representación visible de Dios que nos ayudan a concentrarnos en El.
Los grupos católicos dicen que tales objetos nos ayudan a acordarnos de Dios y a estar conscientes de su presencia. En otras palabras dicen que los ídolos son una manera para dar sustancia y realidad a nuestro concepto de Dios. Dicen que sin imágenes, sin cuadros y sin estatuas, la adoración resulta más difícil. Las imágenes son una representación visible de Dios que nos ayudan a concentrarnos en El.
Los católicos dicen que no adoran a la imagen o al ídolo
sino al “espíritu” que representa. Esta es la misma respuesta que dan
todos los idólatras en todas partes del mundo. Dicen que no tienen la
intención de venerar a la imagen, sino que están adorando a su dios a
través o mediante el uso de la imagen. Debemos tomar en cuenta lo
siguiente: siempre cuando los hombres han hecho imágenes o ídolos
visibles de sus dioses, más tarde han llegado a pensar que las imágenes
mismas han estado habitadas por dichos dioses. Siempre las imágenes
llegan a ser el centro de la adoración en lugar de aquello que
supuestamente representan. En vez de ayudar a los adoradores, las
imágenes los han llegado a confundir. Todo esto resulta por fin en que
los adoradores se postran ante sus ídolos y los adoran.
Algunas veces se disculpa esta transgresión del segundo
mandamiento argumentando que no se está adorando al ídolo, sino sólo
venerándolo. Sin embargo, las mismas personas que veneran no pueden
explicar cuál es la diferencia entre adorar y venerar. La verdad es que
por más que quisieran demostrarlo, en realidad no existe ninguna
diferencia entre adorar y venerar.
¿Por qué Dios prohíbe las imágenes? ¿Por qué prohíbe Dios la fabricación de ídolos o la adoración por medio de imágenes?
Vamos a dar cuatro respuestas.
En primer lugar, Dios prohíbe cualquier intento de hacer
una imagen o una representación visible de El, porque no es posible
hacer una imagen verdadera de El; nada es capaz de representarlo. La
naturaleza y el carácter de Dios no pueden ser representados por medio
de ninguna imagen. En otras palabras, Dios como Espíritu, no tiene
ninguna semejanza a las cosas materiales de este mundo. Cristo dijo en
Jn.4:24,“Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad
es necesario que adoren”.
Aún más importante, Dios como un ser vivo, infinito y
personal, prohíbe que hagamos una representación visible de El.
Cualquier intento de representar al “Dios infinito” por medio de cosas
“finitas” no sólo fracasa sino que es un grave pecado. Ofende
fuertemente a Dios pues le ubica al nivel de una criatura y aún más
bajo. Las imágenes deshonran a Dios porque empañan su gloria. “Porque
habiendo conocido á Dios, no le glorificaron como á Dios, ni dieron
gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de
ellos fue entenebrecido. Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos, Y
trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de
hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de
serpientes”(Romanos 1:21-23).
Una imagen verdadera de Dios no se ha de encontrar en todo
el universo. Por lo tanto, no sólo hacer, sino concebir imágenes de Dios
es en sí mismo un acto impío. Corrompe su majestad y gloria y se les
imagina como no es. Dios se ha manifestado por medio de sus atributos.
Su gloria consiste de la suma o la totalidad de estos atributos: su
santidad, su justicia, su soberanía, su amor, su omnipotencia, su ira,
etc. (Vea Exodo 33:18-19 y 34:5-8).
Todos aquellos que fabrican ídolos junto con aquellos que
los respetan y veneran, manifiestan abiertamente que no conocen a Dios y
que no saben nada de su gloria. Por ejemplo, cualquier persona que
entiende la realidad de la omnipresencia de Dios (que Dios está en todas
partes), no puede hacer ni mucho menos adorar a un ídolo. ¿No sería
ridículo postrarse ante un cuadro del presidente de México cuando uno
estuviera en la presencia del presidente mismo? La naturaleza espiritual
de Dios y su omnipresencia dan por hecho que Dios no puede ser adorado
ni honrado a través de ningún ídolo ni imagen. No es necesario hacer una
representación física de alguien cuando éste ya está presente.
Además, no es posible representar ninguno de los atributos
de Dios por medio de imágenes. Por ejemplo, la existencia eterna de Dios
no puede ser representado por ningún ídolo.
La santidad de Dios no puede representarse por ninguna imagen. La justicia de Dios no puede ser representada por ningún dibujo. Es imposible representar la soberanía de Dios por alguna semejanza. Su misericordia y su amor tampoco se pueden representar por medio de cosas visibles. En la profecía de Isaías, Dios pregunta: “¿A qué pues haréis semejante á Dios, ó qué imagen le compondréis?” (Isaías 40:18).
La santidad de Dios no puede representarse por ninguna imagen. La justicia de Dios no puede ser representada por ningún dibujo. Es imposible representar la soberanía de Dios por alguna semejanza. Su misericordia y su amor tampoco se pueden representar por medio de cosas visibles. En la profecía de Isaías, Dios pregunta: “¿A qué pues haréis semejante á Dios, ó qué imagen le compondréis?” (Isaías 40:18).
Solo aquellos que tienen ideas falsas y conceptos erróneos
de Dios pueden honrar las imágenes que supuestamente le representan.
Solamente aquellos que no saben nada de su verdadera naturaleza y
carácter son engañados y caen en este pecado.
Dios toma sus imágenes como un intento de disminuir su verdadera gloria y blasfemar su persona gloriosa. De hecho, Dios mismo dice en Exodo 20:5 que tales personas no le aman sino por el contrario, le aborrecen. Muchas personas se escandalizan con la idolatría de las tribus antiguas del mundo, quienes adoraban piedras, troncos, volcanes, supuestos extraterrestres, etc. sin darse cuenta que ellos están cayendo en el mismo error.
Dios toma sus imágenes como un intento de disminuir su verdadera gloria y blasfemar su persona gloriosa. De hecho, Dios mismo dice en Exodo 20:5 que tales personas no le aman sino por el contrario, le aborrecen. Muchas personas se escandalizan con la idolatría de las tribus antiguas del mundo, quienes adoraban piedras, troncos, volcanes, supuestos extraterrestres, etc. sin darse cuenta que ellos están cayendo en el mismo error.
En segundo lugar, Dios prohíbe las imágenes porque enseñan
mentiras. Cada imagen o representación de Dios no es sólo una mentira
acerca de El, sino que también enseña mentiras acerca de El. Las
imágenes no solo sugieren ideas falsas acerca de Dios, sino que imprimen
en la mente humana errores de todo tipo respecto a su carácter y su
voluntad. En Romanos capítulo 1 el apóstol Pablo explica cómo los
idólatras cambian la verdad de Dios por una mentira (1:25). Habacuc 2:18
dice lo mismo: “¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo?
¿la estatua de fundición, que enseña mentira, para que haciendo
imágenes mudas confíe el hacedor en su obra?” Cada ídolo o imagen enseña
mentiras porque representa a Dios en una manera falsa y así le
blasfema. Cualquier persona que piense debe darse cuenta de que Dios
como un ser vivo, eterno, infinito y personal, no puede ser representado
por un pedazo de madera o yeso. Las imágenes mienten porque pretenden
representar a Dios cuando en realidad no lo hacen.
Las imágenes mienten en primer lugar, porque limitan a Dios
quitándole sus atributos. Limitar a Dios es lo mismo que negarlo.
Segundo, mienten porque distorsionan su carácter. Muy lejos de revelar
el carácter verdadero de Dios, las imágenes le presentan en una manera
equivocada y deforme. Tercero, las imágenes mienten porque obscurecen la
verdad acerca de Dios. Es decir, ocultan al Dios verdadero en lugar de
revelarlo. Cuarto, las imágenes mienten porque le reducen a un nivel
meramente humano; peor aún, “le encierran” en un pedazo de yeso y dan la
idea de que puede ser controlado y manejado por los hombres. Quinto,
las imágenes mienten acerca de Dios porque niegan su verdad y su gloria.
Cabe señalar aquí que el Nuevo Testamento enseña que
Satanás está detrás de cada ídolo que los hombres han hecho. (Vea
1Cor.10:19-20.) Sea que los hombres se percaten de ello o no, la Biblia
dice que es el “padre de mentiras” quien inspira la fabricación y la
adoración de las imágenes mentirosas. El diablo quiere que los hombres
crean que Dios es semejante a una piedra o a un muñeco de madera. Todas
las personas que respetan y veneran las imágenes, honran y sirven al
diablo y no a Dios. Su “sinceridad” y su ignorancia no les excluye de
estar transgrediendo el mandamiento divino.
En tercer lugar, Dios prohíbe las imágenes porque destruyen
la naturaleza verdadera de la adoración. La naturaleza misma de la
adoración excluye el uso de imágenes ¿Por qué? Porque Dios quiere que se
postren ante El y no ante una imagen. Dios quiere que le adoremos con
todo nuestro corazón; quiere la veneración que viene del alma y del
espíritu, no un rito externo que no es más que el movimiento de nuestros
labios o nuestro cuerpo. Millones de personas se han acercado a un
ídolo y se han inclinado ante él; sin embargo, estas mismas personas
jamás se han inclinado ante el Dios verdadero, ni tampoco se someterán a
El.
Por otra parte, no es posible adorar a Dios a menos que lo
hagamos en la manera que El ha señalado. No es posible adorar a Dios a
menos que sea en espíritu y en verdad. Es por ello que la idolatría
destruye la adoración verdadera. En Colosenses 2:20-23 el apóstol nos
advierte respecto de aquellos que practican un “culto voluntario” en
conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres. La frase “culto
voluntario” se refiere a lo que es de invención humana, o sea una forma
de adoración que no ha sido autorizada por Dios. Todos aquellos que
ofrecen a Dios su particular “culto voluntario”, en realidad no están
adorando a Dios del todo. Y no hay duda de que el uso de imágenes en la
adoración o cualquier práctica no autorizada por Dios es reprobado por
la instrucción apostólica.
El cuarto motivo por el cual Dios prohíbe las imágenes es
porque destruyen la naturaleza verdadera de la fe. La verdadera fe
cristiana está basada en la revelación que Dios nos ha dado de sí mismo
en su palabra escrita. Dios se ha manifestado no por medio de una
imagen, sino por medio de un libro y por medio de una persona. El libro
es la Biblia y la persona es el Señor Jesucristo.
El cristianismo verdadero consiste de una relación viva y
personal con Dios (el Dios verdadero de la Biblia). Entramos a esta
relación personal con Dios por medio de la fe en Cristo. El lado
positivo de este segundo mandamiento es que creamos en Cristo, que
creamos en Dios tal como se ha manifestado en la persona y la obra de
Cristo. De acuerdo a 2 Cor.4:4-6, Dios ha manifestado su verdad y su
gloria en la persona y la obra de Cristo. Hebreos capítulo 1 nos dice
que Cristo es el resplandor de su gloria y la misma imagen de su
sustancia. En Juan 14 Cristo dijo a sus discípulos: “El que me ha visto a
mí, ha visto al Padre”. Cristo es la única manifestación “visible” de
Dios. Cristo es Dios hecho carne.
Ahora surge la pregunta ¿Cómo podemos ver a Jesucristo? La
respuesta es que podemos verle a través de la Biblia con los ojos de la
fe. Dios nos da entendimiento espiritual, ojos para ver, oídos para oír y
un corazón para creer. La fe viene por el oír y el oír por la palabra
de Dios. La fe significa creer, confiar y someternos a Cristo, tal como
lo vemos en la palabra de Dios. Las imágenes desvían la atención de los
hombres fuera de la palabra de Dios y no les permiten ver la verdad
acerca de la persona y obra de Cristo. Detrás de cada imagen está la
incredulidad, está un corazón incrédulo que no cree la palabra de Dios,
ni tampoco en Cristo. La verdadera fe en Cristo es el don de Dios; no es
el resultado o el producto del uso de imágenes inventadas por los
hombres.
Las imágenes mentales de Dios:
No todas las imágenes falsas de Dios están solo en los
templos católicos o paganos; también existen en las mentes y los
corazones de los hombres incrédulos. Con frecuencia se oye decir frases
como la siguiente: “Me gusta pensar en Dios como ‘el gran arquitecto o
artista’ o yo no pienso en Dios como un juez, sino sólo como un padre
amoroso”. Es importante señalar que quienes se sienten libres para
pensar de Dios como a ellos les gusta, también están quebrantando el
segundo mandamiento. No tenemos el derecho para pensar en Dios como nos
guste.
La triste realidad es que todos los que no conocen al Dios
verdadero fabrican o inventan un Dios falso en sus mentes. El mundo está
lleno de personas que sostienen ideas falsas acerca de Dios, y esto es
debido a que se niegan a creer lo que Dios ha dicho de sí mismo en su
palabra. Es en este sentido que podemos hablar del dios de la
imaginación del hombre. Cada uno debe preguntarse ¿Cuál es la imagen de
Dios que tengo en mi mente? ¿Acaso no tendremos una imagen falsa de Dios
en nuestros corazones? Cuántas personas preferirían que Dios fuera como
ellos piensan y no como en realidad es.
¿Cuáles son algunas de las características de este “dios”
imaginario, que existe solo en la mente de los hombres? En breve podemos
decir que es un dios más semejante a un hombre que al Dios verdadero.
Es un dios compuesto de puro amor, que ama a todos los hombres sin importar sus pecados, un dios que no castiga el pecado en el infierno, un dios impotente y frustrado que no es capaz de hacer su voluntad, un dios débil e indulgente que puede ser dirigido, manipulado y aún sobornado por los hombres. Es el dios que existe sólo para cumplir los caprichos y deseos de ellos, un dios de bolsillo que tiene que sujetarse al supuesto “libre albedrío” de los hombres; en fin, un dios que no es santo ni soberano y realmente indigno del nombre “dios”.
Es un dios compuesto de puro amor, que ama a todos los hombres sin importar sus pecados, un dios que no castiga el pecado en el infierno, un dios impotente y frustrado que no es capaz de hacer su voluntad, un dios débil e indulgente que puede ser dirigido, manipulado y aún sobornado por los hombres. Es el dios que existe sólo para cumplir los caprichos y deseos de ellos, un dios de bolsillo que tiene que sujetarse al supuesto “libre albedrío” de los hombres; en fin, un dios que no es santo ni soberano y realmente indigno del nombre “dios”.
Aquí queda al descubierto la fuente y el origen de toda
idolatría. A los hombres incrédulos y rebeldes, les gusta fabricar para
sí mismos un dios semejante a ellos.
La idolatría y la ira de Dios:
Todas las personas que adoran ídolos o que respetan las
imágenes religiosas en cualquier sentido son señaladas por Dios como los
objetos especiales de su ira y su castigo. Dios dice en Exodo 5:20 que
todos los idólatras le aborrecen y en Deut.7:9 Dios dice que dará el
pago en su cara a quienes le aborrecen, destruyéndoles. Dice que no
dilatará el castigo a quien odia, sino que en su cara le dará el
castigo. Entonces, la idolatría es un pecado que despierta la ira de
Dios en una forma especial.
Cuando Exodo 20 dice que visitará la maldad de la idolatría
sobre ellos y sobre sus hijos hasta la tercera y cuarta generación,
quiere decir que hay una maldición especial que viene sobre los
idólatras en forma perpetua.
Es decir que es una maldición generacional la cual se extiende tan lejos como los propios idólatras alcanzan a ver. Esto resulta en dejar a sus descendientes a sí mismos para que cometan la misma idolatría, el mismo pecado; lo cual produce una maldición interminable.
Es decir que es una maldición generacional la cual se extiende tan lejos como los propios idólatras alcanzan a ver. Esto resulta en dejar a sus descendientes a sí mismos para que cometan la misma idolatría, el mismo pecado; lo cual produce una maldición interminable.
¡Con razón debemos entonces guardar la advertencia apostólica, “Hijitos, guardaos de los ídolos¡” (1 Jn.5:21).